Por fin es viernes.
No recuerdo bien como comenzó todo, lo cuál me aterra bastante, pero sé que si me esfuerzo un poco lograré ordenarme, tengo imágenes vagas en la mente, como flashazos, como si viera una película en cámara rápida.
Llevo dos meses internada, mi madre ha venido un par de veces, Angela viene todos los viernes, pero quisiera que estuviera aquí a diario.
Angela, mi amiga, por más de diez años. Nos conocimos en la escuela, luego postulamos a la misma universidad, pero el destino nos jugó una mala pasada, quedamos en distintos campus, así que la que salía primero de clases iba a buscar a la otra, de eso no me olvido nunca.
Hubo un tiempo en que nos distanciamos y sufrí demasiado, sé que ella también, no olvido las llamadas a su casa y cuando respondía yo cortaba y ella hacía lo mismo, estuvimos así varios días hasta que la invité al cine para arreglar las cosas, llegué diez minutos antes de lo acordado, apenas la vi en la esquina corrí y la abracé fuertemente, ella también me abrazó. No hubo necesidad de hablar nada, seguimos como siempre, no, en realidad no, ya nada sería como siempre.
Al estar en el cine no aguanté las ganas de darle la mano y lo hice, como era lógico no se sorprendió, estuvimos así mucho rato. De pronto me sentí muy observada, la miré, sonrió y sin más me besó.
Pasaron los días y nuestra bella amistad continuaba, claro que ahora con algunas variaciones, los abrazos eran más apretados y en oportunidad que teníamos nos besábamos rapidito.
Para el segundo semestre de clases, quedó una vacante en mi facultad, por lo que la Angela hizo todos los trámites para cambiarse y lo consiguió, así que ahora pasábamos el día completo juntas. Era tan bello verla a diario, estudiábamos juntas, casi no compartíamos con los demás, y como era casi lógico nos decían cosas que, por supuesto, nosotras, ignorábamos.
Hasta que un día, a la Angela le gritaron ¡no la mires, si es rara, tiene pinta de tortillera!, nos dio tanta rabia, que fuimos donde el tipo, le dijimos un par de garabatos y nos fuimos.
“No sé por que estos tipos se preocupan tanto de nosotras, deberían dejarnos tranquilas y punto ¿o no?” Me dijo la Angela bastante apestada. Las semanas pasaban, los idiotas nos seguían molestando, los insultos eran cada día más fuertes y ordinarios, pero nosotras vivíamos de lo más felices, ignorando a toda esa tropa de ignorantes.
Un sábado en la tarde mi mamá había salido, la Angela llegó a verme, nos tiramos en el pasto a reírnos y conversar, salté sobre ella y la besé fuertemente, en eso un grito de horror nos hizo saltar del susto
- PAMELA ¿QUÉ HACES?, ¿ESTAS LOCA? gritaba mi madre sin dejar de taparse la cara, “Angela ándate a tu casa y no vuelvas nunca más”. Prácticamente la echó a patadas, yo lloraba sin consuelo, mi madre se paseaba como león enjaulado por el living y yo no podía arrancar.
- Hija, cálmate, esto debe ser pasajero, una confusión, yo te he dicho que debes juntarte con "lolos" de tu edad, a lo mejor ahí encuentras...
- No quiero encontrar a nadie, la Angela es mi todo, ¿no entiendes?, le gritaba desesperada, ¿no entiendes?
Corrí y me encerré en el baño, tomé todas las pastillas que encontré y no recuerdo más.
Ahora en la clínica, se supone que debo rehabilitarme, pensar en hombres y tratar a toda costa de conseguir un pololo, mi madre está convencida de que mi recuperación va viento en popa, las veces en que ha venido me ha visto hablando con un tipo, el que según mi madre “es un buen partido”, si supiera que es el idiota de la pieza de al lado y que le doy un chocolate y una cajetilla de cigarros a cambio de su charla los días de visita, obviamente la única que sabe esto, es la Angela (ya que ella me compra las cosas) y por supuesto que nadie sabe que por ella es que estoy aquí y que por ella soy capaz de todo, incluso de aguantar las sesiones de un psiquiatra dispuesto a todo con tal de que la olvide.

1 Comments:
te lo he dicho antes.. me gusta. Tiene fuerza y tiene "cuento"...
pese a que mi opinión no es muy imparcial, iguel me gusta.
besos
11:26 p. m.
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